La glicinia (Wisteria sp)

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La glicinia o flor de la pluma es el nombre por el que se conocen dos especies diferentes aunque muy similares de Wisteria, la Wisteria floribunda originaria de Japón y la Wisteria sinesis de China.

Es una trepadora perteneciente a la familia de las leguminosas, de rápido crecimiento y larga vida (hasta 100 años). Utiliza las ramas para enroscarse en los troncos de otros árboles y puede alcanzar hasta 20 metros de altura y expandirse 10 metros lateralmente. El tronco o sarmiento crece hasta un metro cada temporada, aumentando su grosor rápidamente lo que le da un aspecto robusto y musculoso (similar al de la parra). Las flores son lo más llamativo de esta planta pues crecen como racimos en tonos lila, morado o blanco pudiendo llegar a medir 60 centímetros o más formando auténticas cascadas. La hoja está compuesta de varios folíolos de color verde limón. El fruto tiene forma de vaina y, al igual que la flor, es venenoso.

Las glicinias necesitan sol al menos unas horas y no soportan bien el frío extremo. La Wisteria floribunda es la más aromática, florece desde mitad de primavera a mitad de verano y enrosca las ramas en el sentido de las agujas del reloj. La Wisteria sinensis florece a principios de primavera antes de que le salga la hoja y a veces repite la floración dos meses después, se enrosca en sentido contrario a las agujas del reloj.

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Su colorido vistoso en primavera, densidad de hojas en verano y desnudez del invierno, hacen de la glicinia la trepadora ideal para cubrir muros, patios, porches y pérgolas en zonas cálidas. Entre los ejemplares más emblemáticos en España se encuentra el del jardín botánico de La Concepción en Málaga. Se trata de una Wisteria sinesis que cubre un inmenso cenador junto al palacio de los Marqueses de Casa Loring, creadores de esta villa hacia 1855. La residencia fue lugar de encuentro de personalidades políticas y culturales de la época y la glicinia fue sombra, cobijo y testigo de tertulias y reuniones.

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Y del sur al norte, pues es en El Bierzo y en concreto en Ponferrada donde encontramos una glicinia muy particular. Hace unos cien años que se plantó junto al muro de la casa de los escudos (hoy Museo de la radio), y la glicinia ha podido adaptarse a un clima frío y húmedo, pero su localización en una zona urbana, junto al asfalto y las canalizaciones, casi le costaron la vida. El ayuntamiento ha hecho un esfuerzo por recuperar este ejemplar, que ya es seña de identidad de la localidad. Se han instalado unos soportes verticales, eliminado alambres que estrangulaban las ramas acabando con la salvia y ya no hay coches aparcados sobre las raíces. En unos años, la glicinia probablemente crecerá hasta envolver completamente la casa de los escudos.

 

 

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